Sobre el arte de ver más allá: metafísica y premios en el microcentro

Premios a las artes visuales y a la música, y el comienzo de exposiciones y conciertos son el puntapié inicial de la temporada de Arthaus, un centro cultural privado en el microcentro porteño. La Mamá luchona de barro de Gabriel Chaile recibe al visitante en esas calles solitarias de enormes edificios de oficinas, bancos y organismos estatales. El edificio vidriado de Bartolomé Mitre 434 no es otro coloso corporativo más. En planta baja, Leila Tschopp desarrolla una exposición de pinturas e instalaciones que será activada con ópera y performance. En la planta alta, Andrés Ramírez Gaviria desafía los límites de la percepción y del universo.

“Estamos contentos. Después de esta muestra, viene Hernán Salamanco y luego Mondongo, en tres pisos, inaugurando la terraza con la instalación del Baptisterio de los Colores –cuenta Andrés Buhar, fundador del espacio–. Vamos a tocar en agosto el Teatro Colón con el Ensamble Arthaus, que dirige Pablo Druker. Y repartimos cuatro millones de pesos en premios”. Los ganadores de los galardones Arthaus 2023 son Demian Rudel Rey y Facundo Llompart, en composición musical, y en artes visuales, categoría objeto, Carlota Beltrame y Juan Rey y Santiago Viale. Durante este año, los músicos estrenarán sus piezas y los artistas expondrán sus obras en el Museo Nacional de Bellas Artes. “En teatro, vamos a armar un ciclo de jóvenes creadores subtreinta”, cuenta.

En días poco aciagos para la cultura, en Arthaus se respira otro aire. “En este momento, es muy importante la continuidad –continúa Buhar–. Es muy complicado para todos, hay que sostener los desafíos, los premios, los estrenos, las producciones. Es una resistencia. Hay debates que están mal desde lo económico, incluso. La cultura tiene un potencial enorme. Si se piensa lo que fue Hollywood para Estados Unidos, lo que es el K-pop para Corea, y la cantidad de cultura que tiene la Argentina en todos los ámbitos: cine, literatura, artes visuales, música clásica, teatro; no tienen nada que envidiarle a nadie… ¡La riqueza que tenemos! Queremos trabajar con la comunidad, generar un círculo virtuoso, desde que encargás una obra hasta que la mostrás. Desarrollamos un ecosistema”.

Pintura inhumana, de Tschopp, recrea el paisaje exterior de andamios y sombras, en murales donde los hombres parecen abatidos. “La idea fue crear un nuevo espacio en la sala a partir de estructuras de hierro y chapa, que guían el recorrido, a la vez que crean una atmósfera –dice la artista a LA NACION–. Una luz muy puntual también colabora en enfatizar en el costado teatral o narrativo. Las pinturas trabajan con la idea del desierto, interno o metafórico, un lugar donde uno se encuentra sin referencias y un poco avismado, sin horizontes ni caminos claros. En una repetición, como lo son las estructuras modulares y sus sombras. Un estado existencial de estar solo y perdido, muy epocal. Inadecuación, esa sensación de no pertenecer al espacio ni al tiempo. En mi obra siempre está presente el cuerpo, en este caso, en estado de caída libre”.

Los personajes son planos, como muñecos o robots, y cuestionan la idea de figura humana. Exteriorización de un malestar, que podría hacer eco con las pintadas de las calles aledañas o la gente en situación de calle. “Los humanos en las pinturas de Leila, se comportan como un elenco de actores a quienes la autora hubiera ungido para el emplazamiento de una suerte de testeo o ensayo psicofísico personal. Es posible casi escuchar las indicaciones que les ha dado antes de hacerlos entrar en el cuadro”, aporta Obersztern, la curadora.

También metafísica es la muestra de primer piso, Cero Punto, de Andrés Ramírez Gaviria, artista colombiano residente en Austria. En dibujos, fotografía, video y objeto, dosifica el arte, la ciencia, la mística, el lenguaje, la filosofía, la música, la historia del arte, la traducción y la programación. “Busco crear experiencias que cuestionan la representación”, señala el artista. Fotografía, por ejemplo, estrellas que están tan lejos de la Tierra que no se ven con telescopio. Registra señales y las traduce a imagen, en colaboración con astrónomos. Busca el límite de lo representable. Los dibujos son ensayos de telepatía. En el piso, una serie de canicas fueron hechas con meteoritos. “Lo que llamamos arte abstracto tiene muchas convenciones. Esta muestra invita a lo que no tiene definición. Conectarnos con la inmensidad. Con las convenciones nos pensamos que el mundo es de una manera, y nos olvidamos que es infinito, indefinido, inmensísimo. Todos los tiempos están en un solo tiempo. Todas las realidades están en una sola realidad”, dice la curadora, María Iovino. Eso es el arte: la posibilidad de ampliar la mirada, de ver un poco más allá.

Para agendar

Las muestras de Arthaus (Bartolomé Mitre 434) se pueden visitar hasta el 23 de junio, de martes a domingo, de 14 a 22. Los miércoles, Tschopp hará visitas guiadas y habrá activaciones de la obra con performance y ópera.