¿Cómo se reemplaza la obra pública por la privada?

La reducción del gasto público por parte del Estado nacional, significativa, aunque todavía insuficiente para que aparezca la tan ansiada caída de la presión impositiva, surge de la combinación, en proporciones que a ciencia cierta muy pocos conocen de “motosierra y licuadora”.

Algunas reducciones llegaron para quedarse: contratos laborales cuyos beneficiarios no prestaban ningún servicio concreto (de manera que su no renovación no afecta el funcionamiento del Estado: probablemente lo mejore, porque impacta de manera favorable sobre la moral de los verdaderos empleados públicos); eliminación de reparticiones públicas, que sólo en condiciones utópicas podrían prestar algún servicio, pero el gobierno anterior se encargó de prostituir, etc.

El gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner cerró con 19,5 millones de pobres

Otras reducciones tienen naturaleza más transitoria. El ejemplo obvio es jubilados y pensionados. Bonos, cambios en la fórmula de actualización de los beneficios, como el introducido en el DNU 274/24, etc.; es sólo cuestión de tiempo hasta que nonos y nonas recuperen alguna porción del poder adquisitivo perdido. No en dólares, sino cuando hacen las compras en los comercios del barrio.

El caso de las obras públicas es diferente. El Estado paralizó la totalidad, o al menos la mayoría de ellas, y anunció que de aquí en más quedarían en manos privadas. Fácil de decir, difícil no sólo de concretar, sino hasta de imaginar.

Porque se puede pensar que un barrio de viviendas económicas podría dejar de ser encarado por el Estado, para ser llevado a la práctica por la iniciativa privada. No digo que sea fácil, digo que se puede pensar. Sobre todo ahora que el Estado nacional dejó de demandar fondos para financiar el déficit fiscal, obligando al sistema financiero a redescubrir al sector privado.

Pero, ¿cómo se puede imaginar a algún integrante del sector privado encarando la construcción de un puente? Cuando viví en San Antonio de Padua, durante la década de 1960, ante la ausencia de acción estatal, existió la pavimentación de calles “por cuenta de vecinos”. La versión Argentina 2024, en casos como el de los puentes, no suena parecido.

No hay nada peor que un mal aguantable, decía John Maynard Keynes, agregando que “si las moscas fueran tan peligrosas como los leones, hace siglos que habrían desaparecido”. Enfatizo la cuestión del reemplazo de la obra pública por la privada, porque probablemente pertenezca a esta categoría.